La clave de la genética la encontró un bioquímico español

La clave de la genética la encontró un bioquímico español

Corría la década de los 50 y la ciencia comenzaba a descifrar el misterio de la vida. En 1953 Watson y Crick acababan de descubrir la famosa doble hélice del ADN, que contiene la información genética bajo un código encriptado.

Pero faltaba la clave: ¿cómo hacía el organismo para leer esa información química y convertirla en proteínas y vida? Dos años después, Severo Ochoa abrió el camino a la respuesta.

Aisló la enzima polinucleótido-fosforilasa de una bacteria. Con ella consiguió lo que parecía imposible, logró sintetizar cadenas de ARN in vitro. ¡Por primera vez fuera de una célula!

Este ARN polimerasa está implicado en la síntesis de la ARN mensajero que transporta las instrucciones del ADN.

Así el bioquímico español allanó el camino para descifrar el código genético y sentó las bases de la biología molecular moderna. Enseguida su discípulo Arthur Kornberg demostró la importancia de otra enzima polimerasa en la síntesis del ADN. Juntos fueron galardonados con el Nobel de Medicina.

Apodado “el bioquímico de los bioquímicos”, Ochoa lideró laboratorios en Berlín, Londres, Washington, New York, Madrid…  Impulsó la creación del Centro de Biología Molecular CBM.

En sus propias palabras:

“Pocas veces he sentido emoción tan intensa que cuando creí haber hecho descubrimientos de alguna trascendencia”.

Una frase que resume la emoción de un científico español que acercó al mundo, un poco más, a la esencia de la vida misma.